martes, 15 de agosto de 2017

Los minutos parecen horas
fuera de este bostezo vacío
donde no cabe la luna pero sí el sol
del alba de un verano tardío.

Un reloj en la pared sangra segundos fríos,
llega por la habitación donde llena
el cuerpo que ya no responde.

Queda una mente divagando.
Es imprecisa, pesada y esclava
de una luna que amanece avergonzada
por homicida en una casa deshabitada.


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