viernes, 2 de mayo de 2014

El lugar donde viene a morir el amor

Acabamos de hacerlo, 
ya temo perderlo.

Marzo.
Si te confieso que están creciendo raíces en los brazos que llevan a tu cuerpo, que descubren tus entrañas, que cuelgan de tu cuello. Si te revelo que no hay vida después de tu aliento, que se rompen mis labios secos, que cruzo la humedad desde lejos.

Abril.
Que la añoranza me vigila, se gira para derribarme y me grita; que viene a matarme; que ya han sido testigos mis pupilas; que los refugios se encharcan; que los charcos se desangran; que mi sangre me maltrata.

Septiembre.
Que el viento acuchilla mis ventanas, que en septiembre las hojas mojadas se desarman, que el otoño pertenece al patriarca. Que qué va ser mi cama, sino una casa deshabitada; que por qué me hundo en un futuro inseguro, que cómo desmiento a los imposibles, que los presagios se desatan, que el bostezo de la mañana me araña a mis espaldas.

Mayo.
Pregúntame tú ahora por qué mis lágrimas se descarrilan y asedian tus sábanas descalzas.

Atrévete ahora a petrificar mi llanto en tus abrazos del miedo.

Atrévete ahora a llamarme la Reina del Hielo.

Atrévete ahora a escribirme un sólo poema de amor más.

Serás afortunado  
si no deja de doler.