Acabamos de hacerlo,
ya temo perderlo.
Marzo.
Si te confieso que están creciendo raíces en los brazos que
llevan a tu cuerpo, que descubren tus entrañas, que cuelgan de tu cuello. Si te
revelo que no hay vida después de tu aliento, que se rompen mis labios secos,
que cruzo la humedad desde lejos.
Abril.
Que la añoranza me vigila, se gira para derribarme y me
grita; que viene a matarme; que ya han sido testigos mis pupilas; que los
refugios se encharcan; que los charcos se desangran; que mi sangre me maltrata.
Septiembre.
Que el viento acuchilla mis ventanas, que en septiembre las
hojas mojadas se desarman, que el otoño pertenece al patriarca. Que qué va ser
mi cama, sino una casa deshabitada; que por qué me hundo en un futuro inseguro,
que cómo desmiento a los imposibles, que los presagios se desatan, que el bostezo
de la mañana me araña a mis espaldas.
Mayo.
Pregúntame tú ahora por qué mis lágrimas se descarrilan y asedian
tus sábanas descalzas.
Atrévete ahora a petrificar mi llanto en tus abrazos del
miedo.
Atrévete ahora a llamarme la Reina del Hielo.
Atrévete ahora a escribirme un sólo poema de amor más.
Serás afortunado
si no deja de doler.