Satélites me cuidan el aliento que consume la noche de mi habitación. Y yo sola, cielo, y absteniéndome del metrónomo que me lanza. Tú, imaginado, rodeado de libros voladores entre sábanas letrosas dispersas. Este díptico nunca contemplará una unión si no empezamos por pulir pasiones feroces. Y si indagas amor por los arbustos, acabarás llegando a mi casa deshabitada, porque yo te habré abandonado antes de habernos mirado. Son así los ciclos de los cimientos emborronados.
(23/03/20013)
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