Mi vida y yo nos parecemos bastante: las dos somos una cuerda vertical llena de nudos que tiembla como el trazo de un monitor cardiaco.
Mi cuerpo escuálido se queda pequeño para los sollozos, necesita lana para vestir el frío que soporta en verano.
Me da tranquilidad escuchar su respiración, pero me viene el miedo cuando le ataca el ahogo.
Mi vida no es una historia prolongada en horizontal: es escarpada en las galerías y en los pasillos más sórdidos y lúgubres, además de estar tupida de sucesos trágicos. Es un bosque en llamas desde el 22 de abril de 1994. Me convendría hacer vida en un salón amplísimo, iluminado por sus cuatro costados y limpio de recuerdos... por eso debería perder la memoria.
Sweep me away.
(08/07/2012)
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